Antes que nada, en la República Francesa hay un odio hacia los
extranjeros de origen no europeo, como si éstos, en general, tuviesen la culpa
de la situación económica actual del país. Como consecuencia de lo anterior,
los franceses utilizan a los romaníes como “chivo expiatorio” de la supuesta
inseguridad provocada por la inmigración. Sin embargo, detrás de ese pretexto,
la realidad indica que el Estado francés se encuentra en plena recesión económica, lo que causa ineficacia del entramado
institucional para proveer de los bienes y servicios necesarios incluso para su
propia población.
Asimismo, decenas de miles de franceses han protestado por
la política de extranjería y de seguridad de Nicolas Sarkozy y, en concreto,
por la expulsión de romaníes y el desmantelamiento de sus campamentos en 2010. De hecho, el odio hacia los extranjeros ha sido una constante
en la historia de las relaciones internacionales, Europa no escapa de esta
realidad. Particularmente la República Francesa, a pesar de su conocido lema
oficial “Liberté, égalité, fraternité”,
es un Estado inmerso en una antipatía hacia lo extranjero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario