viernes, 18 de abril de 2014

Disfrutar la soledad


Continuar es una labor muy difícil, llena de desafíos y melancolías, en ocasiones llena de ansiedad y más cuando se está adaptado a vivir de cierta manera; ahora bien, si eso es arduo en cualquier contexto, el ámbito del amor es algo mucho más intenso. Este sentimiento tal vez no es la fuerza más poderosa del mundo, pero sí la más estrepitosa e idílica que pueda haber. ¡Oh el amor!, fuerza dulce y amarga, profunda y superficial, luminosa y tenebrosa, hospitalaria y hostil.

El amor deja huella en cada uno de nosotros, tanto en el cuerpo como en el alma. En el primer caso, el que haya contacto entre dos cuerpos que se entregan vehemente motivados por adoración, afecto y ternura forma momentos magníficos e inmemoriales. En el segundo caso, las almas llegan a interconectar la energía y la fuerza interior de ambos para formar dichosas experiencias de vida. Cuando todo eso termina, lo único que queda son remembranzas vívidas que son difíciles de soportar, por lo que sólo queda disfrutar la soledad.

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